Cómo Nutrir tu Interior Durante la Enfermedad y Momentos Difíciles

Lo que no aparece en los estudios

De forma casi automática, mi mente intenta ofrecerte explicaciones científicas sobre lo que sentí cuando atravesé el cáncer, como si necesitara justificar mi experiencia para que pudiera ser creída. Sin embargo, hoy reconozco con honestidad que no soy capaz de traducir completamente lo vivido en procesos químicos o fisiológicos concretos. Aún no he llegado a ese nivel de comprensión desde mi rol profesional como Nutricionista y terapeuta. Lo que sí puedo decirte, desde un lugar profundo y verdadero, es que lo que viví fue real y que atravesé un proceso de conciencia muy potente.

Cuando la vida nos coloca frente a una situación límite, de vida o muerte, solemos sentir que solo existen dos caminos: caer o enfrentarlo. La palabra “cáncer” genera terror en quien la escucha. Sabemos que los tratamientos pueden ser agresivos, que la cura no siempre es segura, y que, en muchos momentos, las opciones parecen pocas. Entonces nos entregamos en manos de especialistas y confiamos.

Pero el camino que recorremos no solo define un desenlace clínico; define también un conjunto de experiencias vividas que se transforman en un conocimiento íntimo, profundo y personal. Ese conocimiento no puede ser juzgado, porque pertenece a lo que hemos vivido en nuestra propia piel. Existe una opción que pocas veces se nombra: el camino de la sabiduría interior. Y es ahí donde deseo entrar y compartir contigo. No es algo exclusivo ni extraordinario; es un potencial que todos poseemos, pero que muchas veces tememos explorar. Implica mirar hacia dentro: observar nuestros pensamientos, emociones y patrones de comportamiento. Esa información es vital para la salud, el crecimiento personal y el fortalecimiento interior. Es el motor que nos permite atravesar situaciones complejas con mayor resiliencia.

Entrar en contacto con nuestra verdad interna requiere sinceridad, valentía y la disposición a dejar caer las máscaras. Es en ese proceso donde se forja un amor más auténtico hacia uno mismo y hacia los demás, porque empezamos a reconocer tanto nuestras luces como nuestras sombras. Aprendemos a aceptarlas, integrarlas y encontrar un equilibrio que nos permita vivir con mayor calma y paz.

En ese camino aparecen obstáculos internos que nos sabotean y nos empujan a retroceder. El miedo suele ocupar ese lugar: nos absorbe, nos nubla y nos desconecta de nuestra parte más sabia. El amor, en cambio, nos permite comprender que nadie es perfecto y que muchas acciones nacen desde la inconsciencia. Desde esa comprensión surge el perdón, que actúa como un puente hacia un amor más libre, sin condiciones ni expectativas.

Comprender esto me llevó a observar el papel del ego. Ese aspecto de nosotros que se percibe separado del todo, que necesita control y protagonismo. Lejos de verlo como un enemigo, entendí que el ego puede convertirse en una herramienta valiosa si aprendemos a educarlo, guiarlo y tratarlo con compasión. Integrarlo, en lugar de rechazarlo, es una de las vías más profundas hacia la paz interior, especialmente en momentos de gran dificultad.

El miedo y la ansiedad son emociones predominantes en nuestra sociedad. Muchas veces olvidamos que no definen quiénes somos, sino que reflejan un contexto marcado por la presión, el materialismo y la desconexión interna. Hemos priorizado el hacer, el tener y el competir, sin alcanzar aquello que verdaderamente anhelamos: tranquilidad y paz espiritual. Tal vez sea momento de ser ambiciosos en otro sentido: en cultivar el alma, la esperanza y la fe, sin exigencias ni prisas.

Durante mi proceso recibí comentarios médicos basados en el miedo, y comprendí que, sin una fortaleza espiritual, probablemente mi sistema inmune y mi bienestar general se habrían visto profundamente afectados. Decidí entonces mirar hacia dentro y potenciar aquello que quería sembrar: calma, humildad y aceptación. Con el tiempo, el amor comenzó a ocupar su lugar.

Pocas veces se habla de que para atravesar momentos difíciles o crecer verdaderamente es necesario mirar el todo, y eso implica inevitablemente el mundo interior. Esta fue una de las razones por las que decidí escribir mi libro. No para explicar qué hice a nivel nutricional o de salud física —temas de los que ya se habla mucho—, sino para abrir un espacio a esta dimensión más profunda, de la que se habla poco.

Si aún sigues leyendo, te invito a descubrir en ti ese potencial que no siempre aparece en los estudios científicos. No porque carezca de valor, sino porque no siempre se mide. Yo lo experimenté, y sé que es real. Estoy convencida de que cuando integramos este enfoque junto con la nutrición, el estilo de vida y el cuidado del cuerpo, los cambios pueden ser profundamente transformadores.

Escribo este artículo porque siento que es momento de abrir los ojos, desarrollar una conciencia más amplia y recuperar el mando de nuestras vidas. No desde la separación, sino desde la unión.

Si estas palabras resuenan contigo y sientes curiosidad por explorar este camino con mayor profundidad, mi libro nace precisamente de esa experiencia interior. No pretende dar respuestas cerradas, sino abrir preguntas y acompañar procesos personales que no siempre encuentran espacio en otros lugares.

Mi libro está disponible en Amazon para quienes deseen profundizar en este enfoque de conciencia y experiencia interior :

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